Tu imagen, Tu carta de presentación

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Artículo escrito por Marina Martin, Senior Consultant de Future Track. 

La percepción de nuestra propia imagen difícilmente es objetiva. A menudo no nos gusta nuestra apariencia en las fotos o nuestra voz en las grabaciones. Es un suceso muy común, ya que la voz que escuchas dentro de tu cabeza es más baja y suave debido al retumbar extra de tu conducción ósea y al escucharla cuando viene desde un medio externo, por ejemplo, de un audio, hace que suene más aguda y extraña. Pasa lo mismo con la imagen, el rostro normalmente es asimétrico y por eso nos resulta extraño ver la imagen que ven de nosotros los demás. Nosotros estamos acostumbrados a vernos al revés y esos pequeños cambios en nuestro rostro hacen que nos resulte extraño cuando vemos una imagen real de nosotros mismos. Nos sorprendemos de “lo mal” que hemos salido. Siento decirte que sí eres así y sí tienes esa voz, que puede ofender a tu “ego”.

Verse tal y cómo somos resulta complicado. Por ello es importante adoptar una postura sin ser demasiado crítica, o excesivamente optimista. Aceptarse y trabajar en la imagen realista sobre nosotros mismos, ayudará a trabajar en nuestra actitud la cual nos permitirá posicionarnos y avanzar trabajando los valores de autoestima e influencia para mejorar nuestra comunicación con los demás.

La imagen personal es algo más que la apariencia, tiene muchas vertientes; no solo se trata del aspecto exterior (la ropa, los complementos, el físico …), sino también la forma de expresarse, los gestos, la forma de caminar, nuestra educación, comportamiento, tono y volumen de nuestra voz, incluyendo nuestra actitud. En resumen, la forma de comunicarse con otros contribuye a la construcción de la imagen sobre nosotros. Para ello es importante conocer la percepción que tienen los demás sobre nosotros siendo conscientes de lo que transmitimos hacia fuera.

¿Sabemos realmente la imagen que proyectamos? ¿La expectativa visual que creamos? De cualquier forma, en una primera impresión, aunque sea de unos segundos, vamos a ser observados, juzgados, aceptados o no y etiquetados, según lo que nuestra presencia proyecte en los otros y sus estereotipos y prejuicios.

En la comunicación intervienen dos factores fundamentales: lenguaje verbal (la palabra, la voz) y no verbal. Albert Mehrabian (Profesor Emérito Psicología, Universidad de California) en 1967 concluyó que, cuando comunicamos emociones y sentimientos, más del 90% del mensaje recae sobre la Comunicación No-Verbal. Constituye la regla 7-38-55 y asegura que solo un 7% del potencial de la comunicación recae en las palabras, en la expresión verbal y solo un 2% de este supone el contenido del mensaje, el 38% es por la expresión no verbal (cómo caminamos, nuestros gestos, …) y un 55% de la opinión que se crea nuestro interlocutor es por la expectativa visual (la forma de tu cuerpo, tu ropa, peinado maquillaje…). Es decir, la comunicación es un 93% no verbal. De ahí la importancia de la imagen en el amplio sentido de la palabra; lo que realmente se quiere comunicar en una primera impresión se queda solapado por la imagen y reducido a un mínimo porcentaje en el proceso de la comunicación.

No cabe duda de que además del aspecto económico, social e intelectual existe un cuarto aspecto importante por el que el mundo se mueve y esta es nuestra imagen. Por ello debemos cuidarla, es decir, tener una actitud nivelada, trabajar en nuestra autoestima, aceptar los cumplidos con una palabra de agradecimiento, ser autocrítico enfocándote en potenciar tu talento y creyendo en él y en su influencia, alejarte de tu “yo ideal” (ello te ayudará a sanear tu ego) y renovar la percepción interna, tu identidad y, por ende, tu imagen externa proyectará positividad, seguridad y confianza. La autocrítica, la humildad y la educación, se encargarán del resto.

Una correcta comunicación no verbal constituye una parte esencial de nuestra imagen. Es nuestra tarjeta de presentación, tanto en el ámbito privado como en el profesional y de ella depende en buena parte el éxito o el fracaso en nuestras relaciones. El verdadero logro consiste en saber combinar el talento con otros aspectos no intelectuales. Nuestra misión es trabajar en ello e ir adecuándonos a las diferentes etapas y ámbitos de la vida.

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