Síndrome del Domingo

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Artículo escrito por Marina Martin, Manager de Future Track

Los domingos se han convertido en el día más temido y melancólico de la semana, sobre todo por la tarde, superando incluso al triste lunes. Ya se acerca el madrugón y la incorporación al puesto de trabajo, que no suele estar exento de alguna preocupación y/o nuevo reto laboral.

Aunque todavía no se ha clasificado como enfermedad, el malestar que tenemos por el regreso del lunes o el duelo por dejar el fin de semana atrás, sumado a la sensación de nostalgia del viernes por la tarde, “el síndrome del domingo” no es más que un conjunto de sintomatologías varias que hace que lo clasifiquemos como tal.

Durante la semana nuestros niveles de cortisol (hormona liberada del estrés), se elevan para adaptarse al ritmo de la semana. El fin de semana los niveles de cortisol disminuyen y al final de éste, aparecen dichos síntomas que incluyen malestar, sensación de vacío, tristeza, estrés, ansiedad y hasta problemas para conciliar el sueño.

Una encuesta de LinkedIn realizada en 2018 mostró que el 80% de los trabajadores se preocupan por la semana laboral, los domingos. Los estudios realizados por la psicóloga norteamericana Larina Kase muestran que la ansiedad generada puede deberse a diversos factores entre los que se encuentran la insatisfacción laboral, que podría venir dada por la no resolución de problemas en el trabajo o alguna tarea no terminada.
Nuestra cultura, muy enfocada al trabajo, crea un fuerte sentimiento del “deber y el trabajo sin horarios”.

¿Cómo evitarlo?

Es importante que el viernes, al final de la jornada, se dejen finalizadas todas las tareas posibles, con un escritorio ordenado y el plan a seguir anotado para la semana siguiente. Una agenda planificada puede mejorar este tipo de sensaciones, además de guardarse un tiempo, por muy pequeño que sea, para dedicarlo a uno mismo; algo agradable que nos proporcione la sensación de que no es todo y solo, trabajo.

La Psicología Positiva recomienda analizar las situaciones de la vida con optimismo, entendiendo que – en este caso – el trabajo es algo necesario en nuestra vida; gracias a él nos podemos permitir disfrutar de nuestro ocio,  precisamente los fines de semana, además de vacaciones y otros eventos.. Si el trabajo, además, es motivador es mucho más fácil verlo de esta forma, pues en caso contrario provoca sensaciones de angustia y malestar que suele enturbiar el disfrute del fin de semana, generando que percibamos así a nuestros domingos. Y llegados a este punto ya hay que plantearse una nueva búsqueda laboral, que no en todos los casos es tarea fácil. No obstante, no hay que rendirse ni ponerse trabas a uno mismo y siempre hay que intentarlo. Ante la imposibilidad de un cambio lo mejor es “jugar” con las cartas que tenemos sobre la mesa.

¡Ánimo!

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