Capitalismo de vigilancia

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capitalismo de vigilancia

Artículo escrito por Marina Martin, Manager de Future Track

Dos de las industrias más potentes llaman a sus clientes, usuarios: la de las drogas ilegales y la del software.

Posiblemente, cuando coges el móvil para mirar cualquier cosa, de repente te das cuenta que han pasado 30 minutos o más sin apenas apreciarlo; esto es una muestra de hasta qué punto las redes sociales nos absorben buena parte del tiempo, tiempo que restamos a realizar cosas verdaderamente importantes y que se dejan de lado de forma inconsciente.

Un estudio llevado a cabo por Hubside, en colaboración con IPSOS, nos revela que una de cada cinco personas en España dedica, al menos, una hora y media al día a las redes sociales.

Las grandes empresas tecnológicas tienen acceso a todos nuestros datos personales; ello les da la oportunidad de conocer buena parte de nuestra forma de vida, experiencias y comportamientos, lo que es utilizado para mercantilizar con ello, predecir nuestras necesidades e inducir a compras potenciales con fines lucrativos. Shoshana Zuboff, en 2013, le dio nombre a esta práctica: El capitalismo de vigilancia.

Si no pagas por el producto, tú eres el producto – Andrew Lewis.

Los servicios que en Internet se muestran como “gratuitos” son costeados por los anunciantes, ya que es nuestra atención el “producto vendido” y por tanto, nosotros mismos somos el producto. 

Plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat, Twitter, Youtube son modelos de negocio que compiten por nuestra atención. Este tipo de mercados producen millones de euros haciendo ricas a estas empresas mediante las estrategias de growth hacking (adquirir el mayor número de usuarios o clientes de manera exponencial, utilizando estrategias innovadoras que combinan programación, marketing, psicología y diseño).

Los datos rastreados o espiados son infinitos (qué te llama más la atención, qué fotos te gustan, el tiempo que le dedicas …) se analizan y se construyen modelos y patrones de comportamiento que dan verdaderas pistas sobre aquello que tendemos a hacer, consumir, ver, comprar …, y su frecuencia.  Se crea un algoritmo que la máquina mejora cada día para que pases más tiempo con ella; un refuerzo positivo intermitente con el contenido que “nos interesa”. Esta tecnología persuasiva es un diseño intencional donde se codifica el comportamiento de alguien con el fin de implantar un hábito inconsciente.

¿Qué cantidad de nuestra vida pueden conseguir que entreguemos y de qué manera?
¿Somos conscientes del impacto que tiene en la sociedad el uso de este tipo de aplicaciones?

El volumen de fakenews (noticias falsas), estereotipos de la belleza y éxito, nos puede llevar a una concepción del mundo y la vida erróneos. Cada vez tenemos menos control sobre quiénes somos y en qué creemos. Este “enganche” diario puede afectar al comportamiento y los sentimientos de la persona sin que el usuario se de cuenta. De esta forma, la persona ya está adiestrada para que en situaciones difíciles nos enganchemos a nuestro “chupete digital”.

¿Cómo podemos quitarnos ese chupete digital y reconocer que la tecnología es solo una herramienta para facilitarnos la vida?

Debemos dar un buen uso a nuestro dispositivo, eludir cuántas notificaciones y recomendaciones “basura” que nos inundan diariamente.
Considerar el final de la jornada como un tiempo para nosotros, lejos de interferencias que nos enturbian el disfrute de nuestro ocio o, simplemente, nuestro tiempo de disfrutar en casa.
Otra práctica recomendada para desintoxicarnos de nuestra adicción diaria es dejar el móvil fuera del dormitorio, al menos, una hora antes de dormir.

Haz deporte, estudia, lee y disfruta con tu familia y amigos, en persona.

El tiempo es el único bien que no podemos recuperar, no lo malgastes

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